martes, 5 de enero de 2016

61. YA TENGO "AMOTO"


HACE 14 AÑOS...


He tenido mil historias divertidas también con mi hermana mayor, Eva, la escultora, la cantante de Corazones Estrangulados, la lianta number one...


...En cierta ocasión me persuadió para que nos fuésemos a vivir a una casa que había encontrado en una zona bastante alejada de nuestro barrio... A mí no me venía nada bien mudarme tan lejos. Mi escuela de Artes y Oficios me pillaba al ladito y, el centro de la ciudad, a un paso. Pero ella, con esa “verborrea-herencia-materna” -comercial experta en ventas-, me convenció para que me fuese a su vera “pa” la otra punta del mapa, con el incentivo de que me iba a regalar “una moto de segunda mano con la que ir y venir” por esos caminos de Dios...

-¡Ya la he encontrado!!!. -me soltó un día- Sácate corriendo el carnet de ciclomotor, que en tres días vamos a recogerla, ok?. -aún recuerdo su cara de emoción por su suerte y rapidez en conseguirla.
En cuanto tuviéramos la moto cambiaríamos de domicilio. Me ponía todas las facilidades del mundo, como los vendedores de enciclopedias profesionales:
-Yo me encargo de la mudanza, te pago el permiso de conducir, y el “Vespino” será “pa ti pa siempre”...- y yo, no sospeché nada...

Llegó el miércoles de marras, por lo que marchamos a recoger mi futuro vehículo. Era un portal antiguo de barrio el lugar de la cita. Entramos,y a la derecha, mientras la vendedora salía a recibirnos, observé una motocicleta oxidada apoyada en la pared. Aunque sólo me fijé un instante, mi cerebro pudo reconocer que era una “Cady”. De esas que parecen bicicletas pero con motor, con un sillín gordo hortera y, además, con una caja atada atrás donde se acertaba leer: “Frutas Mari Carmen”. Más o menos como la que lleva “el tío que vende los higos chumbos” en mi pueblo de veraneo. En un segundo en que la dueña de la casa estaba despistada, hice un gesto a mi hermana indicándole mi hallazgo, como diciendo:
-¿No será “eso” la moto, no?- a lo que ella negó ofendida con la cabeza.

Después de hablar un rato con la colega, mi hermana procedió a entregarle las 20.000 pesetas apalabradas y, la otra, me dio los papeles oportunos. Ya los dichosos “papelitos”, acartonados y descoloridos, daban cuenta de que el vehículo no era de segunda mano, sino de SEXTA, detalle super importante, la verdad...
- Bueno guapas... -dijo la de la venta con cara de haberse deshecho de un muerto- ...¡pues aquí está la moto, que ya es vuestra...!!!- y sonrió señalando la “Cady” del portal... (todos juntos, como en el 1, 2, 3: ¡no me lo puedo creer!!!).

...¡Glup...! con cara de patata, la sacamos como buenamente pudimos a la calle, sin quejarnos ni nada (eso no era un Vespino ni de coña), por el corte... Cuando la mujer desapareció mi hermana pregonó:
-¡Higos de pala, señores!!! ¡A lo barato hoy!!!!- que era lo mismo que voceaba el “tío de los higos chumbos” que frecuentaba nuestro pueblo de mar...
...¡GGGGGGGGRRRRRRRRRR.....!. Eso no era una moto, señores... ¡Era un auténtico “amoto”!!!. ¡El genuíno “amoto” de robar bolsos!!!. Y a mí me iba a dar algo imaginándome allí montada. Porque para colmo de mis males, el lote traía un casco. De esos cascos “comíos” de mierda, cortos
y con visera (con una pinta de ilegal que no podía con ella)... Y en vez de “pitón”, nos dio una cadena -de esas enormes de los fantasmas-, cuyo óxido hacía juego con el “supuesto rojo” desconchado que decoraba esa “bici gigante”.Intentamos arrancarla -por supuesto había que pegar una gran carrerita para ello- y descubrimos, adosado, un tubo de escape plateado y de distinto tamaño que el que le correspondía. La habían rectificado con una pieza que no tenía nada que ver con el resto de aquel artefacto inmundo. Aunque lo peor de todo fue que era tan bajita que me hacía parecer la rana Gustavo montada en ella... ¡Las rodillas me llegaban hasta las orejas!!! “Descojonás perdías” marchamos en el “amoto” a la nueva casa, y allí maquinaría cómo ir a clase al día siguiente.
-¡No está tan mal!- gritaba la falsa de mi copiloto.

Amaneció. Era mi primera salida formal. Yo, tan moderna, que siempre me habían dicho que parecía sacada de una película de Almodóvar... y que montada en mi “Cady” no me iba a llamar ni Quintero para su “Cuerda de presos”... El colorido de mi vestimenta no pegaba ni con cola con el de mi cuarteado vehículo. El mini-casco de hípica me aplastaba el mono cardado de mi pelo, haciéndome parecer un payaso calvo, y las rodillas me destrozaban los lóbulos de mis pabellones auditivos.
Menos mal que no suelo usar pendientes...

Nada segura de mi misma, entré a casa a por una gafas de sol. Como no encontré unas de bucear que me cubriesen bien, me decidí por unas gigantes, tipo “mosca”, convencida de que nadie me iba a reconocer en mi camino a la escuela...
¿ Nadie?. ¿Dije “nadie”? ¡Me sentí como Juan Pablo II en su “papamóvil”...!
La palma de la mano, morena de tanto saludar. Me encontré a amigos, conocidos, ex-vecinos, antiguos compañeros de estudios, al frutero... y TODOS se percataban de que era YO la que conducía aquel “amoto”... Socorro... Como de orientación estoy fatal, tardé lo impensable en encontrar el camino -nunca antes había conducido- de mi escuela.

Si tenía que cambiar de carril, como me daba vergüenza extender un brazo para indicárselo a los coches de atrás (ya que de intermitentes tenía “cero patatero”), me paraba y aparcaba. Me fumaba un cigarrito, y esperaba a que todos los vehículos se hubiesen marchado.
De nuevo arrancaba y, así, hasta una nueva curva. ¡Cuarenta y cinco minutos invertí en un caminito de diez!. Al llegar a mi destino, miles de alumnos se agolpaban en la puerta, por lo que di media vuelta y decidí estacionar mi “óxido de dos ruedas” en casa de mi progenitora, 200 metros más lejos. Así evitaría ser el hazmerreír de la clase.

Como la única seguridad que tenía para que no me la robasen (no sé quien, pero bueno) era la cadena del fantasma -sin ningún cierre- cogí prudente un candadito (de esos de joyero) con el que uní los dos inmensos eslabones y luego lo camuflé por detrás de la rueda.

El camino a casa fue aún peor. Tuve que llevar andando la “Cady” hasta una avenida cercana a la casa de mi madre. Así tendría espacio para pegarme “la carrerita” necesaria para que arrancase.

Imaginad: 6 de la tarde, verano, acera de los jardines de la Victoria (frente al semáforo lleno de una ancha carretera de 3 carriles) y, yo, con ese casco jinetero, corriendo para conseguir que el motor comenzase su trabajo. Corre que te corre -“amoto” en mano- y ...¡se queda “pillao” el gas al mover el “manguito” de arrancar...!!! El ciclomotor empezó a correr mil por hora, mientras yo volaba como un muñeco de trapo con las manos pegadas al manillar... Socorro... Al final se fue sola, cruzó la carretera, y colisionó contra la pared... en tanto que yo me estampaba contra el suelo de aquella avenida llenita de coches.

Tierra trágame. Por supuesto, que nadie me ayudó -ni me preguntó que cómo estaba-, quizás por el miedo que producía mi persona con esas pintas, las gafas y la “boina” de motorista. Rauda y veloz me levanté, con el odioso “tic” del labio que aparecía sin que nadie lo llamase, caminando
hacia la moto -el semáforo seguía rojo y con una cola que te cagas- y poniéndola en pie. Para disimular frente a los que habían presenciado la escena, escogí la opción de hacer “como que estaba arreglando la cadena”... ¡Vaya tontería!, ni que una moto fuese como una bici... Dándome lo mismo que la gente se diese cuenta de la subnormalidad que estaba aparentado arreglar, continué toqueteando “cosas” por los bajos de mi “Cady”. Hacía un calor del copón y, con las manos llenas de grasa, limpiaba el sudor de mi frente sin darme cuenta de que si antes daba un poco de miedo, ahora parecía el mismísimo “deshollinador”...

Los pedales estaban machacados, madre mía... Me mantuve en esa posición hasta que el semáforo se puso en verde y, cualquiera que hubiese podido verme, estuviera ya en su casa. Pasó el peligro y comprobé, con un agobio impresionante, que ya no se podía arrancar, por el golpe. Por lo que tuve que marchar a mi casa del quinto coño en el “coche de San Fernando”, con la cara llena de mugre y mi compañera de 20.000 pesetas. Por supuesto que las gafas y el “medio coco con visera” me los dejé cubriendo mi cara de achicharramiento...

Mi hermana se meaba viéndome llegar, por supuesto, tan solidaria ella... y tan hija de su puñetera...
Fuimos al taller de al lado de nuestro hogar a medio mudar y, el mecánico -cago en “tó”-, me comunicó que ellos “no arreglaban esas motos de choris”, que “siempre que les llegaba una, luego no les pagaban”, que “ese era un barrio muy conflictivo” y que lo sentía mucho...

...Y esa es la historia de mi vida de conductora... No tengo carnet de coche, y el de ciclomotor está guardado “donde yo no lo vea”. Ni siquiera puedo contar a mis nietos que tuve moto, porque mi única posesión fue... un “amoto” que, para lo que me sirvió...

11 comentarios:

eureka dijo...

jajjajjajajjaja que buena erees coñoooo eske los viernes me encanta leerte hijaaaa

lôgän dijo...

Y ole tus ovarios por jugarte el moño con semejante bicho!!! Y lo de tu hermana es mala baba en toda regla xDD

Tania dijo...

jajajaja... que bueno lo de la mano morena de tanto saludar!!
jajaja...
como me alegro de haber encontrado el blog..jajaja

besillos "amotados"

REVUELTA dijo...

!Que bueno! Eres capaz de sacar sonrisas hasta en las piedras. Me encantan tus aventuras, aunque en su momento las pasaras "canutas".
Un besazo

extraña dijo...

mis herman@s nunca me dejaron sus motos ni amotos y eso que han tenido de todo :( pero bueno puedo decir que he conducido una. Una vez el cura me prestó su vespino, no pasaron diez segundos montada en la moto que me estrelle con la puerta del garaje de una casa, no pasó nada, pero le rompí el espejo, me obligó a pagárselo limpiandole la iglesia durante un mes.

Cybernapya dijo...

Si es lo mejor... Recordar las cosas con una sonrisa... Besos
P.D.: Yo también tuve un 'amoto'.

koko dijo...

jajaja como no pensaste que te la ibas a pegar!! pordios!!

Anónimo dijo...

HAS PENSADO EN DEDICARTE A LOS MONOLOGOS???, eres muy buena!!!!!!!!!

que viva la "amotoooo"!!!

Tenblog dijo...

joooo. Nunca tuve amoto. Pero mi hermana una vez cogió prestada una bici y se empotró al final de una súúúpercuesta pabajo después de darse cuentas que no llevaba frenos. Estuvo días sin poder moverse.

Siempre me recuerdas a mi vida en familia Rakel, que buena eres. Encantaíta de haberte conocío me tienes. SALÁ

Krea dijo...

Te acabo de descubrir hace una semanas. Vivo en Estocolmo y no me entero mucho de lo que pasa en España. el día que te descubrí, me tire hasta las tantas escuchando vuestras canciones.
Muchas gracias a todos!
Un beso de los gosdos.

Ada dijo...

Vaya... hoy es viernes no???... Y tu entrada?? Que tengo mono!!!jajaja Muack